Viejo patán con vieja pendeja, la pareja
perfecta. Sigue siendo un fenómeno inexplicable, por demás sorprendente y
patético para aquellos buenos hombres detallistas, románticos, fieles, no tan
pinches y hasta no tan malhechos, cómo una mujer de manera enfermiza mantenga
una relación con un gandalla que la maltrata, que la humilla y sobaja. Que le
perdona todo, que cree que va a cambiar, que le pide que le pegue pero que no
la deje. Es complejamente increíble, pues no respeta estado civil, edad,
posición social, grado escolar, profesión y hasta religión; sea barrendera,
licenciada o doctora, a todas se les empina de la misma forma. En lo que menos
se dan cuenta, su orgullo, ego, presunción, está sometida a los chantajes de un
maestro de la seducción.
Esto es lo mismo que ocurre, y es lo
único que explica la vigencia de los partidos políticos en México y otros
países. En esta analogía el pueblo es la vieja pendeja, y el partido político
es el padrote culero; hasta le ruega para que siga con su ayuntamiento, aunque
hurte, y bastante; asesine, viole, mienta descaradamente; es un auténtico
Síndrome de Estocolmo; el grueso de la población está demente, por despensas,
puestos, y corrupción, si no es así:



















